A la vista de los resultados que obtienen algunos clubes y atletas, se puede apreciar claramente que no existe proporción ni estrecha relación entre el contenido, cantidad e intensidad en los entrenamientos y las exigencias de la competición.

Se descuida la relación volumen-intensidad, así como el enlace entre los factores de entrenamiento (físico, técnico, táctico, psicológico y biológico).

El ritmo y velocidad de los ejercicios, la correcta ejecución de los mismos, el número de repeticiones y series, etc., se toman sin precisión y a la ligera.

Los ciclos de trabajo no se pueden plantear sin un estudio previo y detallado de los por qué y para qué de cada cosa.

Los esfuerzos específicos no deben ser interrumpidos por períodos de descanso excesivamente largos.

Actividades rutinarias y débiles, es decir, esfuerzos inadecuados, hacen que los atletas se mantengan año tras año en las mismas condiciones físicas de inferioridad y si progresan lo hacen de forma insignificante. Todo por faltar un entrenamiento racional y progresivo.

La necesidad del progresivo aumento de los esfuerzos está fisiológicamente más que comprobada.

El progresivo aumento del esfuerzo puede venir determinado por tres variantes: la intensidad, el volumen y la complejidad.

La preparación moderna trata de abarcar simultáneamente todos los factores de entrenamiento, pues se ha demostrado que con una preparación unilateral especializada, mientras se progresa en un sector, se regresa en otro.

LOS FENÓMENOS DE ADAPTACIÓN.

Las investigaciones han demostrado que el aumento de las capacidades básicas del atleta a través de la actividad física deben considerarse como un caso particular de adaptación del organismo al progresivo aumento del excitante.

Roux ya señaló en 1881 que una exigencia más intensa que las capacidades orgánicas produce una alteración de las mismas, en el sentido de elevar específicamente su capacidad de rendimiento.

El organismo humano está sometido constantemente a variaciones y estímulos del medio, que crean un esfuerzo constante para adaptarse.

La adaptación óptima es el resultado de la acción de los excitantes óptimos.

Según la ley de Schultz-Arnodt, la adaptación funcional se logra como consecuencia de la asimilación de estímulos progresivamente creciente:

– Estímulos suaves excitan levemente las funciones orgánicas.

– Estímulos fuertes producen fenómenos de adaptación.

– Estímulos demasiado fuertes producen daño en el organismo.

Según la Escuela Rusa representada por I. Pavlov, son los procesos de adaptación durante y en el período de tiempo que transcurre entre dos estímulos. Uthomsjkij designa a este período con el nombre de asimilación compensatoria. Período que tiene la finalidad de reparar o restituir la materia perdida por la actividad.

Lo más importante es que no sólo se repone lo “perdido” sino que posteriormente se crea una mayor fuente de energía. También se le denomina “período de restauración ampliada”. Otros investigadores lo llaman “fase de exaltación”.

Ambos períodos, el de asimilación compensatoria y el de “restauración”, están estrechamente ligados con la carga funcional, ya que los efectos que produce la actividad van poco a poco desapareciendo. De acuerdo con esto hay que tener en cuenta que el nuevo estímulo debe aplicarse cuando aún no ha pasado, del todo, el efecto del anterior.

Tan malos son los descansos excesivamente largos como demasiado cortos.

En los atletas formados, los períodos de “restauración” se producen con más rapidez, por lo cual es posible que puedan entrenar una o más veces al día.

Síndrome General de Adaptación (S.G.A.). Toda nueva adaptación, tanto la que afecta a las funciones de orden superior como a las de índole elemental, supone una alteración del equilibrio biológico precedente. H. Seyle define el S.G.A. como “la respuesta adaptativa, no específica, del organismo a toda causa que pone en peligro su equilibrio biológico”. Al estado de lucha para mantener el equilibrio, Seyle le llama “Estrés”.

Para Morehause, el “estrés” consiste en los cambios corporales producidos por acondicionamientos fisiológicos y psicológicos que tienden a alterar el equilibrio homeostático.

Las fases del S.G.A. son tres:

Reacción de alarma. Fase en que se produce el choque. El organismo, ante el primer choque, adopta una postura de defensa, tendiendo a adaptarse a las nuevas situaciones; es la segunda fase o de resistencia. Cuando el organismo se ve imposible para reaccionar ante la carga, entra en la tercera fase o de agotamiento; momento en que el organismo no puede recobrar el equilibrio biológico.

*Extraído del libro “Atletismo Básico”, de C. Álvarez del Villar y J.P. Durán Piqueras. Editorial Miñón. Valladolid.

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